El uso de pantallas en bebés y niños es uno de los temas más consultados por familias, docentes y equipos de jardines maternales. En un contexto donde la tecnología forma parte de la vida cotidiana, comprender cómo influye en el neurodesarrollo, la regulación emocional y la comunicación temprana es clave para tomar decisiones informadas.
Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Academia Americana de Pediatría (AAP) y especialistas en neuroeducación coinciden: la prioridad en los primeros años es el movimiento, el juego libre, la interacción humana y la exploración sensorial. Las pantallas, aunque forman parte del entorno, deben introducirse de forma cuidadosa y consciente.
Qué dice la evidencia actual sobre pantallas y desarrollo
Diversas investigaciones en educación inicial, neurociencia y pediatría analizan cómo el tiempo frente a dispositivos impacta en áreas claves del desarrollo. Entre las conclusiones más relevantes:
Lenguaje: una exposición temprana y excesiva puede disminuir la cantidad de intercambios verbales con adultos, afectando la adquisición de vocabulario.
Vínculo y apego: la interacción cara a cara se ve reducida si las pantallas ocupan espacios prioritarios en los momentos cotidianos.
Sueño: la luz azul de los dispositivos puede alterar los ritmos circadianos, dificultando el descanso.
Atención: un consumo prolongado de contenidos de alta velocidad estimula la inmediatez y dificulta el sostenimiento atencional en actividades reales.
Regulación emocional: los bebés y niños pequeños necesitan adultos disponibles para acompañar frustraciones, en lugar de ser calmados con pantallas.
Estas conclusiones no demonizan la tecnología, pero sí remarcan que la etapa de 0 a 3 años exige supervisión, límites claros y presencia adulta.
Recomendaciones concretas sobre tiempo de pantalla según edad
Basado en lineamientos de la OMS y la AAP:
Bebés de 0 a 2 años — Cero pantallas
En esta etapa el cerebro se organiza a través del movimiento, el contacto y el lenguaje humano.
Solo se recomiendan pantallas para videollamadas con familiares, siempre acompañadas por un adulto.
Niños de 2 a 5 años — Uso muy moderado y siempre acompañado
* Máximo recomendado: 1 hora por día.
* Priorizar contenidos educativos, lentos y de calidad.
* Evitar pantallas durante comidas, antes de dormir o como recurso para calmar llantos.
*A partir de 6 años — Hábitos digitales saludables.
* Introducir reglas claras: horarios, espacios sin pantallas, pausas activas.
* Fomentar la autorregulación y el uso crítico.
Cómo acompañar el uso de pantallas desde la educación inicial
Los jardines maternales y escuelas infantiles también se enfrentan al desafío de definir el rol de la tecnología. Desde una mirada pedagógica actualizada, las pantallas no deben reemplazar el juego, sino ser un recurso puntual con intención educativa.
Estrategias recomendadas:
1. Evitar pantallas en salas de bebés y deambuladores.
2. Seleccionar contenidos específicos vinculados a proyectos o intereses del grupo.
3. Utilizar pantallas como apoyo y no como actividad principal, por ejemplo: observar imágenes reales, proyectar fotos de actividades o registrar experiencias.
4. Promover experiencias multisensoriales auténticas antes que estímulos digitales.
5. Comunicar a las familias criterios claros de uso en el jardín para mantener coherencia entre escuela y hogar.
Señales de alerta en el uso de pantallas
Detectar señales tempranas permite ajustar hábitos tecnológicos. Algunas señales frecuentes:
* Irritabilidad o berrinches intensos al apagar dispositivos.
* Poco interés por el juego libre.
* Dificultades para mantener la atención en actividades no digitales.
* Cambios en el sueño.
* Disminución del contacto visual o del intercambio verbal.
Si aparecen de forma persistente, es recomendable consultar a un pediatra o especialista en desarrollo infantil.
Beneficios de un uso saludable y consciente
El objetivo no es prohibir, sino acompañar de manera equilibrada. Con un uso responsable, las pantallas pueden ofrecer:
* Acceso a contenidos educativos de calidad.
* Herramientas para explorar temas de interés.
* Espacios para conectar con familiares a distancia.
* Recursos para docentes en proyectos pedagógicos.
La clave está en el acompañamiento adulto, la supervisión y la selección cuidadosa de contenidos.
Consejos prácticos para familias y docentes
1. Primero el vínculo, luego la tecnología.
2. Modelar hábitos: los niños aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.
3. Generar espacios libres de pantallas: comedor, dormitorio, auto.
4. Seleccionar aplicaciones y vídeos educativos avalados por especialistas en primera infancia.
5. Ofrecer alternativas reales: juego al aire libre, libros, arte, música.
6. Evitar pantallas como premio o castigo para no reforzar su valor simbólico.
El uso de pantallas en bebés y niños requiere equilibrio y presencia. No se trata de alejarlos del mundo digital, sino de introducirlo en el momento oportuno y de manera saludable. En la primera infancia, nada reemplaza la mirada atenta, el juego compartido y las experiencias reales que construyen aprendizajes profundos.
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